La característica gastronómica por excelencia en la Villa de Garafía es el queso. Desde siempre ha constituido una de las señas de identidad del municipio, siendo durante muchos años una de las principales fuentes económicas para los campesinos. Hablar de los quesos garafianos es hablar de calidad en todos los órdenes. La alimentación exclusiva y natural de los animales lecheros junto a la forma de laboración transmitida de generación en generación son seguramente las causas del alto prestigio alcanzado en la isla y fuera de ella, sobre todo en Gran Canaria y Tenerife.

Quesos de cabra principalmente o de oveja en algunos casos, así como de mezcla, como se denominan aquellos que utilizan ambos cuajos. Los quesos frescos, tiernos, semicurados, curados y, dentro de estos, con el toque exquisito de ahumado o sin ahumar, son muestra de una amplia variedad de sabores que dependen del clima y el pasto del ganado, que imprime el carácter a cada uno.
La historia del queso palmero comienza a escribirse con la introducción de las cabras prehispánicas por los primeros pobladores de la isla (de origen bereber). No obstante, desde la incorporación de la isla de La Palma a la Corona de Castilla en el año 1493, existe constancia escrita de la importancia que desde entonces ha tenido la industria quesera en su territorio.

De esta forma, existe constancia de exportaciones a mediados del siglo XVI con rumbo a los puertos de San Juan de Puerto Rico o de Santo Domingo en las “Indias del Mar Océano” o a las islas de Cabo Verde.